lunes, 8 de octubre de 2012

El project Manager y el Mercenario

En una charla reciente con mi amigo Ricardo, de esas delante de la máquina de café, surgió un tema que me hizo pensar sobre el porqué de la ética profesional. La conclusión es que realmente es necesaria.

Planteémoslo desde el punto de vista siguiente: Te dan un objetivo y un presupuesto. Transformas los objetivos en trabajos a realizar, los pones en un cronograma, compruebas que tienes dinero suficiente y te lanzas a la ejecución.

Imagina que en lugar de un Project Manager hablásemos de un mercenario. Se plantea un objetivo, un tiempo para cumplirlo y un presupuesto. Un mercenario no se para ante nada. Sigue adelante para terminar cuanto antes, cobrar y librar cuanto antes las guerras de otro. A un mercenario no le importa lo que queda ni quién venga detrás. Tiene claro el objetivo y si por ello debe arrasar con poblaciones enteras, lo hará.

Hablemos ahora del Project Manager: no podemos parar ya que el año que viene no tendremos presupuesto para este proyecto. Tenemos que terminar para poder entregar y no tener que andar con peticiones a los comités de inversiones. Por no decir que ya estamos en noviembre y el presupuesto está casi cerrado. Estoy tentado de completar en tiempo y entregar cuanto antes, sin fijarme en cómo queda el proyecto, sin importar si el proyecto está documentado, y sin pensar en las horas que van a tener que echar los de Operaciones cada vez que haya que dar de alta un usuario, que hacer un retoque o simplemente modelar procesos operativos. Toda esta ineficiencia cuesta una cantidad de dinero terrible a la compañía, pero he entregado a tiempo. Incluso he tenido bajas en el equipo. Todo sea por la entrega.

Es aquí donde entra la ética. Si el Project manager se transforma en un mercenario, tras de sí no quedará nada. Es necesario restringir las normas de juego para evitar pérdidas económicas cuantiosas, economizar en la operación (se supone que el producto del proyecto tiene una vida mucho más larga que el proyecto en sí) y no dejar el staff con un reguero de empleados estresados y descontentos...

Al final, la ética, produce dinero.

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