Planteémoslo desde el punto de vista siguiente: Te dan un objetivo y un presupuesto. Transformas los objetivos en trabajos a realizar, los pones en un cronograma, compruebas que tienes dinero suficiente y te lanzas a la ejecución.
Hablemos ahora del Project Manager: no podemos parar ya que el año que viene no tendremos presupuesto para este proyecto. Tenemos que terminar para poder entregar y no tener que andar con peticiones a los comités de inversiones. Por no decir que ya estamos en noviembre y el presupuesto está casi cerrado. Estoy tentado de completar en tiempo y entregar cuanto antes, sin fijarme en cómo queda el proyecto, sin importar si el proyecto está documentado, y sin pensar en las horas que van a tener que echar los de Operaciones cada vez que haya que dar de alta un usuario, que hacer un retoque o simplemente modelar procesos operativos. Toda esta ineficiencia cuesta una cantidad de dinero terrible a la compañía, pero he entregado a tiempo. Incluso he tenido bajas en el equipo. Todo sea por la entrega.
Es aquí donde entra la ética. Si el Project manager se transforma en un mercenario, tras de sí no quedará nada. Es necesario restringir las normas de juego para evitar pérdidas económicas cuantiosas, economizar en la operación (se supone que el producto del proyecto tiene una vida mucho más larga que el proyecto en sí) y no dejar el staff con un reguero de empleados estresados y descontentos...
Al final, la ética, produce dinero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja aquí tu comentario...